ACCIDENTE CEREBRO VASCULAR Y LA DIETA

Lo que ingerimos no solo afecta a los kilos que pesamos, sino que, como ya es evidente, repercute en todo nuestro organismo, por lo que la dieta se convierte en un tema preponderante en referencia a la salud, tanto porque puede provocar alguna patología, como para luchar en contra de alguna.

Un claro ejemplo es la incidencia que tiene sobre el ACV (Accidente Cerebro Vascular) en mujeres, según estudios recientes.

El equipo de la doctora Susanna Larsson, del Instituto Karolinska de Estocolmo, estudió a 34.670 mujeres de 39 a 73 años. Ninguna tenía enfermedad cardiovascular o cáncer al inicio del estudio, en 1997. En 10 años, 1.680 (el 4 por ciento) sufrieron un ACV.

El estudio realizado descubrió que, aquellas cuyo consumo de carne roja era mayor (más de 100 gramos diarios) tenían un riesgo mayor a sufrir un ACV por obstrucción del flujo de sangre al cerebro, en un 42 % más que las que menos carne consumían (de media 25 gramos diarios).

El ACV isquémico, que se produce por la obstrucción de una arteria que suministra sangre al cerebro, fue el más común (en el 78 por ciento de los casos). El resto fueron por hemorragia cerebral o causas no específicas.

Aunque no hallaron relación entre el consumo de carnes rojas o procesadas y el riesgo de sufrir otros tipos de ACV; como tampoco existió con el consumo de carnes frescas o productos de granja.

Las carnes rojas elevaron el riesgo de sufrir un ACV en las no fumadoras, pero no en las fumadoras, y en las mujeres sin diabetes, pero no en las diabéticas.

Para el equipo, esta correlación está ligada al aumento de tensión arterial, que provoca el contenido de sodio en las  mencionadas carnes, como el hierro de esas carnes que acelera la producción de radicales libres, que dañan los tejidos

En el mismo estudio encontraron que, las participantes que consumían más de tres porciones semanales de pescado tuvieron un 16 por ciento menos riesgo de sufrir un ACV que las que comían menos de una porción semanal.

Este beneficio es mayor cuando el consumo se centra en pescados ricos en ácidos grasos omega 3, como salmón, caballa y atún blanco.

Los ácidos grasos omega 3 también los podemos ingerir en alimentos vegetales: La verdolaga (toda la planta), lechuga (hojas), soja (semilla), espinacas (planta), fresas (frutos), pepino (fruto), coles de Bruselas (hojas), coles (hojas), piña fruto), almendras (semillas), nueces.

No obstante no hay que olvidarse, que para un buen funcionamiento hay que ingerir también los ácidos grasos omega 6 (presente en los aceites vegetales) y en la proporción adecuada, que varía según teorías, pero es recomendable que no supere 4:1; es decir 4 de omega 6 por 1 de omega 3.

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